La papaya nos aporta mucha agua, ya que supone el 89% de su composición. Es una importante fuente de vitamina C, es rica en ácido fólico, potasio y en beta-carotenos, que es el pigmento que le da este maravilloso color, además posee propiedades antioxidantes y es un potente precursor de vitamina A, ¿Qué significa? que el organismo metaboliza este caroteno y lo convierte en vitamina A cuando el cuerpo la necesita.

La papaya además tiene un papel importante en la digestión debido a su enzima llamada papaína, que posee la capacidad de digerir las proteínas de los alimentos.

Y por último, es una fruta con muy bajo aporte energético y es rica en fibra, la cual hace que aumente la sensación de saciedad, regula los niveles de glucemia así como el tránsito intestinal.

¿Cómo la podemos consumir o con qué la podemos acompañar?

Para manipularla tenéis dos opciones, o bien cortarla a rodajas o bien en tajada. Retiramos las semillas y la piel y ya estaría lista para incluirla donde más nos apetezca.

A mí personalmente, me encanta incorporarla en ensaladas, además, al ser una fuente de vitamina C, nos va a ayudar a absorber mejor el hierro que contiene el resto de los alimentos.

En el desayuno o entre horas como snack, es buen momento para consumir la fruta, y la papaya la podemos integrar con kéfir o yogur y frutos secos o granola casera, me parece una opción muy nutritiva, rica y súper saciante. Y ¿porqué no, en unas tostadas con queso fresco o anchoas?

También podemos utilizarla en repostería, como por ejemplo en un bizcocho, dándole una textura más húmeda y parecida al pudding, o podemos preparar mermelada añadiendo semillas de chía para darle mayor consistencia, además de aumentar su valor nutricional.

 

Os dejamos enlace del vídeo:

https://youtu.be/OLA6MZ8IvgE

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